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sábado, 27 noviembre 2021

No celebró el día del trabajo

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Por: Hugo Supo

En el reloj del celular casi daban las diez de la noche cuando el aparato empezó a timbrar.

– Alo, respondió él.
– ¿No hay problema si sales con nosotros?, dijo un amigo suyo desde el otro lado del auricular.
– Bueno, en realidad tengo que trabajar mañana temprano…
– Sólo un momento, no te hagas problemas, estamos en vísperas de un cumpleaños, insistió el segundo.

De pronto, el recorrido hacia el lugar de la cita se invadió por dudas. ¿Y si no voy? Se preguntó antes de llegar al terreno. Pese a eso, siguió. En la radio pusieron el acústico de la canción Zombie de The Cranberries; equilibró el sonido en sus oídos poniéndose los audífonos y continuó la marcha.

Y sus ojos se convirtieron en cámaras de cine que le hacían transitar en una especie de “Deja Vu”. Alguna vez estuve aquí, caminando lento como ahora, en el mismo minuto, en el mismo lugar, pensó por un momento.

Los retazos negros de la fría noche complotaron contra la diversión que debió gozar aquella vez. Un sentimiento de culpa invadió su corazón, se entristeció como cuando el gorrión se frustra cada vez que quiere escapar de la jaula en la que es encarcelado.

La culpa la tuvieron sus pupilas que notaron al niño mendigo que vendía rollos de papel higiénico que se le cruzó en media calle, notó que a unos metros del pequeño yacía otro de menos edad a quien le pesaba los parpados, estaba cansado, el peso de su propio ser le vencía, el señor de los sueños quería raptarlo hasta sus mundos.

– Colabóreme joven, dijo la tímida voz del primer menor, mientras estiraba sus manitos con dos rollos de su mercadería.
– No gracias, respondió rápidamente, y siguió caminando como en una película ralentizada.

The Cranberries seguía sonando en sus oídos, y mientras sus piernas seguían su camino, un vago sentimiento de culpa y resentimiento contra él mismo le impidió dar el siguiente paso. Paró, miró hacia atrás para comprar el papel, pero ya no estaba ahí.

Buscó con la mirada al chico que quizás vivía ahora la misma historia que él había pasado algunos años atrás. Al ver que no estaba, regresó unos pasos para ver si podia encontrarlo entre la gente que pasaba por el lugar, pero fue en vano.

Una desesperación que nunca había sentido le exigió buscar al mendigo, apuró el paso, corrió, y no encontró a nadie, ni siquiera al que estaba casi dormido en la acera de la céntrica calle…

Trató de reconciliarse consigo mismo, respiró profundo, miró el reloj de su celular, volteó la mirada una vez más, pero fue inútil. Y pensó: muchos celebraron hoy el día del trabajador, festejaron, se emborracharon, gozaron como no pueden en sus horarios de máximo rendimiento como empleados…¿Y quién ha festejado a estos niños trabajadores?.

En América Latina y el Caribe, se realizaron estimaciones referidas a la cantidad de niños y niñas económicamente activos. De estas investigaciones se pudo inferir, que en la región el 17% de los niños y niñas entre 5 y 14 años están económicamente activos en diferentes sectores productivos. ¿Quién dice algo por ellos?. Se resintió por ello.

El timbre del celular volvió a sonar, miró el aparato, no se animó a contestar, pues las ganas se le habían quitado, y se puso nuevamente en marcha. Al doblar la esquina estaba el bar donde a veces solía deprimirse solo. Entró, se acercó a la barra, y sonrió.

– Feliz día del trabajo, dijo dirigiéndose al hombre que atendía allí.
– Gracias, que le servimos, respondió con amabilidad.
– Una copa de lo de siempre, dijo, mientras la canción de The Cranberries terminaba en la radio.

(Hugo Supo es egresado de la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicaci?n de Puno-Per?, jefe de prensa en el Diario Los Andes, periodista de Pachamama Radio)
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